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La Republica española fue una democracia parlamentaria ( Por Pedro A. García Bilbao )

La República Española fue una democracia parlamentaria, con las Cortes como única cámara y con la obligación de todos los miembros del gobierno de ir allí y dar cuentas y explicaciones. El presidente era electo por un colegio de compromisarios y diputados y respondía ante las Cortes, el sistema era parlamentario, no presidencialista, había un sano rechazo a los personalismos. Los reglamentos favorecían la participación de los diputados, y los que no sabían hablar, o no tenian nada que decir no repetían, porque la gente les rechazaba. Cuando había un mitin lo transmitían por radio, a veces simultáneamente, y la gente en un teatro, cine o frontón —con mesas para comer—, escuchaban por altavoces a uno y luego el que estaba con ellos respondía. Así se hizo en las elecciones de Febrero del 36. Los periodicos publicaban las intervenciones y la gente las leía en público. Cuando alguien hablaba bien, decía lo que había que decir y proponía cosas interesantes, los clubs, ateneos, secciones sindicales y otros grupos republicanos de cada pueblito o ciudad, les pedían que fueran a hablar; luego, tras mucho recorrer y dar la cara, eran los grupos de gente los que se organizaban para proponer como diputado por su provincia a los que habían oído, conocido y respetado. Algunos se presentaban por varias, pues los partidos y grupos republicanos pensaban que era imprescindible que tal o cual persona fuera diputado a toda costa. Primero era el diputado, el ciudadano entregado a la acción politica, el partido era después. Era algo muy diferente a lo de ahora. Y mucho más democratico. En realidad los partidos republicanos no tenían «aparatos», los aparatos no mandaban nada de nada. Era otra cosa. La estructura organizativa estaba al servicio de los candidatos y estos se seleccionaban por su actividad ciudadana y polñitica. Lógicamente en torno a ellos se unían simpatizantes, amigos, una red social. Sólo el PSOE tenía una estructura centralizada, y luego el PCE. Siguoeron los modelos de la internacional, con órganos cemtralizados, más piramidales, con funcionarios del partido, lobbyes de cargos internos y luego públicos. Pero también ellos debían ganarse el puesto y defenderlo hablando, explicándose y ganándose la confianza de sus compañeros y los votantes. Nada que ver con lo de ahora y la miserable Transición. Los partidos republicanos se construyeron sobre redes sociales, sobre coyas de amigos (en Cataluña) organizadas en casales, ateneos, casas del pueblo, circulos, clubs, asociaciones culturales. Era una sociedad civil muy «política», en el pensamiento republicano español clásico no había diferencia entre sociedad civil y sociedad política o clase política, los ciudadanos que actuaban como tales públicamente y asumian compromisos ante los demás en asuntos públicos, como intelectuales, abogados, médicos, trabajadores, escritores, periodistas, maestros que hablaban de lo suyo, de su ámbito de conocimiento y preocupación eran «los políticos«, estos eran seleccionados por su compomiso ciudadano previo y luego pasaban a ser candidatos. La democracia republicana fue muy intensa, participativa y sobre todo, de verdad, sentida como algo vivido, real, propio por millones de personas. Fue una democracia de masas, con muchos medios de comunicaciòn diferentes y accesibles, periódicos, radios, fue una sociedad de opinion pública. Democracia de masas y particpativa. Y la República Parlamentaria la hizo posible. El miedo de la reacción y el fascismo no fue al fracaso de la República, fue el miedo a su triunfo.
 

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